REFLEXIÓN SOBRE EL PATRIARCADO Y EL MACHISMO





 REFLEXIÓN SOBRE EL PATRIARCADO Y EL MACHISMO 


En esta sociedad en la que nos ha tocado nacer y vivir, es una sociedad puramente machista, xenófoba, clasista, racista, heteropatriarcal, donde domina una educación, aún hoy en día arcaica, retrograda, obtusa, manipuladora y dominada por las creencias religiosas sean del tipo que sean. 

Está demostrado que todo lo que se supone se sale de los dogmas religiosos, culturales, sociales y ancestrales dictados por el patriarcado es malo, degenerado, prohibido, dañino y antinatural. Cuando es todo lo contrario. 

El patriarcado desde la antigüedad considera que todo lo que no sea hombre blanco, heterosexual y con un poder económico solvente es inferior o somos ciudadanos de segunda, sin derechos de ningún tipo, ni posibilidad de protestar ante las injusticias impuestas por los dominantes patriarcales; ósea que tanto las mujeres, como los homosexuales, cualquier persona de raza que no sea la blanca, personas que piensen por ellas mismas y tengan opiniones diferentes a lo impuesto en siglos somos los que tenemos que someternos a todas las calumnias, vejaciones, violencias, agresiones, muertes, torturas, mutilaciones y demás atrocidades que se les ocurran a estos “personajes. Por lo tanto, también hay un muy mal reparto de la riqueza en el mundo, son solo unos pocos los que tienen el control de la economía mundial, creyéndose con la autoridad y la todopoderosa exclusividad de los recursos del planeta. 

Se consideran con el poder sobre todo y todos en este mundo, con la capacidad de decisión sobre las vidas y las muertes del resto de los habitantes de este planeta.  


Se consideran los dueños del mundo, del planeta, del universo; cuando son unos ínfimos granos de arena en una inmensa playa que es el cosmos. Son insignificantes, y como insignificantes que son, no les podemos permitir que nos sigan masacrando tanto física, sexual, económica, moral e ideológicamente al resto de la población que también tenemos opinión de nuestras vidas, de nuestra sexualidad, de nuestra economía, de nuestros sueños y de nuestro futuro. 


Nadie es propiedad de nadie. 

 

Se me revuelvan las entrañas cada vez que sé de un nuevo caso de violencia machista, de una agresión a homosexuales, de una guerra, de violaciones a menores (que no abusos, son violaciones), de las mutilaciones femeninas a niñas, de la critica constante a los cuerpos femeninos no considerados normativos, de la explotación sexual de niñas y mujeres solo por el hecho de ser eso mujeres y niñas, de las granjas de mujeres de gestaciones subrogadas, de muertes de mujeres solo por ser mujeres; y todo esto siempre está orquestado por hombres heterosexuales, reprimidos en su ignorancia, con unas ansias de poder insaciable, retorcido, macabro, dañino y sin límites. 

No son enfermos, son malos. Se sienten impunes ante toda ley, ante toda directriz lógica y natural basada en el respeto y la tolerancia. Y lo malo no es que sean así, sino que hay un gran número de población que los justifica y apoya en sus dictámenes, en sus actos y decisiones, dándoles el beneficio de la duda cuando son desenmascarados por sus acciones y comportamientos. 

Nos queda mucho camino por andar y muchas batallas que libran en pro de la libertad humana, la libertad de las mujeres, de la libertad sexual, la libertad de ideología, la libertad económica, la libertad de pensamiento y acción, la libertad de los oprimidos. 


Nuestra lucha ha de ser constante, sin treguas, sin miramientos hacia los opresores. Con tolerancia sí, con respeto evidentemente, por la igualdad entre las personas. No debemos dejarnos silenciar en nuestros objetivos que son para hacer una vida mejor para todos los habitantes de este hermoso planeta que esos intereses aniquiladores están destruyendo sin piedad.  

 

 



 

 

Rosa Martina Martínez Acebes 

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