Como toda mujer que ha caminado

 




Como toda mujer que ha caminado bastante,

que se ha caído más veces de las que le hubiese gustado,
que ha aprendido a esquivar las piedras,
que una vez tuvo el alma con tantos agujeros que las balas le pasaron de largo,
que se hizo aliada del tiempo mientras se curaba,
que tuvo luego que construirse una armadura...
Aprendí a dejar el miedo de lado, a un costado, a atreverme a vivir pero guardándome siempre la última carta, ya no me tomarán desprevenida.
Aprendí que no es bueno decir siempre todo lo que se piensa, que es genial guardarse un rincón del alma donde podamos refugiarnos solo nosotras.
Aprendí que nadie vale más que la propia libertad, que todo es negociable menos la paz que da ser una misma, que nadie puede cortarte tus alas.
Aprendí que los mediocres son los perros que ladran cuando los otros cabalgan, que siempre habrá inteligentes sin estudios e idiotas con doctorados, que las críticas hablan más del que critica que de quién hace las cosas. Los genios hacen, los idiotas critican.
Aprendí que ya no tengo paciencia ni ganas para embarcarme en trenes que no van a ningún lado, que no peleo batallas que frenen mis objetivos, que entregarse está bien, pero reservarse una parte, está mejor.
Alas en Rebeldía

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