No somos el dibujo que trazaron otros, ni la espera paciente en un rincón del mundo. Ser humana es, a veces, simplemente estar:sentir el frío en los dedos, la duda en la frente,y saber que este cuerpo no es una deuda pendiente. Nos quisieron perfectas, de mármol y silencio, pero estamos hechas de tiempo y de asombro. No hay gloria en el sacrificio que nos borra; la verdadera luz está en las manos que descansan,en los pies que deciden su propio camino, sin pedirle permiso al destino. Es mirarnos al espejo y no buscar un juicio, sino encontrar a una compañera, a una igual. Es entender que nuestra voz no necesita permiso para nombrar el hambre, la rabia o el deseo. Somos más que una cifra o una herencia; somos el derecho a la paz, al error y al grito. Un territorio que ya no se conquista, porque por fin, después de tanto, hemos decidido volver a casa: a nosotras mismas. Pam Chimaltenango, Guatemala